El término latino utensilĭa llegó a nuestro idioma como utensilio. El concepto alude a un elemento que se utiliza de modo manual para desarrollar alguna clase de actividad. Por ejemplo: “¿Me pasas el utensilio para cortar el pastel, por favor?”, “Si quieres arreglar el jardín, necesitarás varios utensilios que te permitan trabajar con las plantas”, “Los médicos se quejan porque dicen que no cuentan con los utensilios necesarios para realizar intervenciones quirúrgicas”.
En algunos casos, el material principal de un utensilio no es nocivo a menos que se utilice de forma incorrecta; por ejemplo, las capas antiadherentes de ollas y sartenes que se fabrican a base del compuesto denominado teflón, no poseen un nivel preocupante de toxicidad, aunque sí comienzan a liberar sustancias dañinas cuando son sometidas a temperaturas mayores a los 270 °C. En pocas palabras, cocinar es una tarea que acarrea una gran responsabilidad, especialmente cuando se realiza para alimentar a terceros: es necesario adquirir las herramientas adecuadas y usarlas con precaución.
Los utensilios de mesa son aquellos que, como su nombre lo indica, se utilizan en la mesa. Se trata de los utensilios que facilitan la ingesta de la comida: el tenedor, el cuchillo, la cuchara, etc.
En un sentido más amplio, se denomina utensilio a cualquier herramienta. Un martillo, en este contexto, es un utensilio que se emplea para golpear un clavo hasta introducirlo en una superficie. Una pinza, por otra parte, es un utensilio que puede usarse para cortar un cable o para hacer presión sobre algo.
Un recipiente, por último, puede considerarse como un utensilio que se utiliza para contener un líquido u otra sustancia: “La joven recolectó un poco de agua en un utensilio de metal que encontró en el campamento”.
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