Patán es un adjetivo que puede emplearse de distintas maneras. Por lo general, el término se aplica a quienes son brutos o groseros y tienen comportamientos que pueden calificarse como bárbaros.
Xibalbá tenía dos gobernadores, Hun-Camé y Vucub-Camé, los dioses de la enfermedad y de la muerte, respectivamente. Eran los jueces incuestionables y se encargaban de asignar a los demás sus funciones. Por otro lado, se encontraban Chuchumaquic y Xiquiripat, quienes causaban a los seres humanos una de las tantas torturas: derrames de sangre.
Pero la lista de los padecimientos continúa; Ahalpuh y Ahalcaná se encargaban de causar en las personas una terrible hinchazón y de que sus piernas sufrieran una horrible supuración, además de teñirles la cara de amarillo, para completar el castigo que se denominaba chuganal.
Con una vara de hueso como símbolo de poder, Chamiabac y Chamiaholom ocupaban el puesto de alguaciles del inframundo y hacían que los seres humanos perdieran peso hasta que se deshiciera su carne. Para aquellas personas que intentaran regresar a sus hogares, Ahalmez y Ahaltocob tenían la tarea de causarles todo tipo de desgracias. Finalmente, Patán y Xic habían recibido el cargo de dar muerte a aquellos que anduvieran por los caminos, y lo conseguían estrujándoles el pecho y la garganta, causando desagradables charcos de sangre que era expulsada por sus bocas.
El reinado de estos malvados señores se terminó cuando aparecieron los dioses gemelos Huhahpú e Ixbalanqué: este último decapitó a su hermano y luego lo devolvió a la vida, algo que divirtió mucho a los doce despiadados. Tanto fue así que le pidieron que hiciese lo mismo con ellos. Ixbalanqué accedió, aunque no cumplió la última parte del trato, por lo cual les dio muerte de una vez y para siempre. De esta manera, los seres humanos no tuvieron que continuar soportando las terribles torturas a las que Patán y sus once compañeros los habían sometido durante tanto tiempo.
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