Vaguedad es la propiedad de vago. Este término (vago), por su parte, puede aludir a algo que resulta vacío, carente de firmeza o sin precisión.
Si, por otro lado, el emisor hubiera dicho “Ah, sí, ¡qué película!”, el mensaje no nos aporta información clara, sino que no sumerge en la vaguedad: no podemos saber si la obra es o no del agrado del emisor, y para ello debemos indagar en el tema. En este caso no hay términos que nos puedan orientar, sino una simple exclamación que no resulta suficiente para emitir un posible veredicto.
En la ambigüedad siempre es posible resolver el significado una vez que se establece el contexto, mientras que la vaguedad suele presentar palabras que nunca aportan un significado preciso. Por ejemplo, el término “carta” tiene varios significados, ya que puede ser una epístola o un libro en el cual se listan los platos de un restaurante; si se usa de forma ambigua, sólo basta averiguar la ambientación de la historia para entender a cuál de ellos se refiere. Palabras como “alto” o “grande”, por otra parte, nunca brindan datos específicos, sino que siempre son vagas, independientemente del contexto: alto puede ser alguien que mide 1,80 metros, pero también una persona de 2,50 metros.
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