Renovación es la acción y el resultado de renovar (dejar algo como nuevo, regresarlo a su estado original, reemplazar algo viejo por otra cosa nueva, restablecer aquello que estaba interrumpido). Urbano, por su parte, es lo que está asociado a una ciudad (una aglomeración de edificios y habitantes que funciona como unidad administrativa y cuya economía se basa en actividades que no son agrícolas).
No se debe subestimar el alcance de la renovación urbana, reduciéndola a un mero lavado de cara de una ciudad enfocado en cuestiones estéticas. Por el contrario, esta compleja operación que comenzó unos siglos atrás formó parte de estrategias bien definidas que apuntaron a la revalorización de barrios enteros y dio lugar a una activación económica y a diversos aspectos del desarrollo social.
Hoy en día
En la actualidad, la renovación urbana suele tener lugar en los centros urbanos, ya que es allí donde se ubican las barriadas más antiguas y menos preparadas para hacer frente a las exigencias sociales y económicas de los tiempos que corren. Es importante señalar que el presupuesto necesario para una actuación de este tipo es considerable y que la inversión no siempre se recupera.
Un fenómeno que debe tener en cuenta la administración pública a la hora de dedicar sus esfuerzos a la renovación urbana es el “efecto contagio”, el cual describe la ambivalencia de dos propiedades inmuebles vecinas en cuanto a su valor: si una se mantiene en perfecto estado pero la otra se deteriora, la última afecta negativamente a la primera, mientras que si ambas se mantienen se benefician mutuamente.
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