Se define como travesía a todo viaje o itinerario que supone alguna clase de riesgo y que suele relacionarse a una aventura. Quien inicia una travesía sabe que se expone a situaciones imprevistas, por lo general vinculadas a las condiciones climáticas o al desconocimiento del terreno. Por ejemplo: “Llevamos dos días de travesía y aún no hemos llegado al refugio”, “Tres montañistas fallecieron en medio de una travesía cuando intentaban alcanzar la cima del monte Kashifu”, “Mañana iniciaremos la travesía a la isla de San Carlos”.
Muchas veces ocurre que en algunos grupos de Turismo Aventura hay integrantes que desconocen en qué consiste en verdad este tipo de actividad, que es poner a prueba nuestro organismo y saber hasta dónde somos capaces de llegar, y si sumado a esto carecen de preparación para sobrevivir en situaciones poco favorables o cómodas, puede llegar a complicarse la supervivencia de todos los integrantes del grupo. Por eso, las compañías que organizan turismo aventura de riesgo, suelen poner a disposición de los viajeros una serie de cursos intensivos en los que se les prepara para el viaje.
Otras acepciones del término
El término viento de travesía es muy antigua y se utiliza en el ambiente marinero para referirse a un viento que supla muy fuerte y de forma perpendicular o se siente desde un costado (es decir, no se percibe de frente) en una costa con poco reparo. Se caracteriza por ser de sumo riesgo para aquellas embarcaciones frágiles de vela que se encuentran cerca de la costa, porque al carecer de cobijo es normal que naufraguen.
Otros significados que menciona el diccionario de la Real Academia Española (RAE) de travesía tienen que ver con el área elegida para avanzar hacia un destino específico o incierto; el sendero transversal entre otros dos y la distancia entre dos puntos.
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