Deletéreo procede de un vocablo griego que puede traducirse como “destructor”. El término hace referencia a aquello venenoso o mortífero. Por ejemplo: “Los expertos afirman que es un insecto deletéreo para el ser humano debido a la toxicidad de su veneno”, “La aspiración de este tipo de sustancias produce un efecto deletéreo”, “Intentó conservar la calma, pero pronto comprendió que estaba ante una situación deletérea”.
* si el gen no es dañino en un hábitat, tiende a aparecer con mayor frecuencia que donde produzca efectos claramente desfavorables. Retomando el ejemplo del gen que provoca la anemia drepanocítica, es lógico que se presente muy a menudo en habitantes de zonas con muchas probabilidades de contraer la malaria, dado que les resulta beneficioso. El problema comienza con la migración, que lleva genes deletéreos a todas partes del planeta;
* quizás la selección natural no ha completado su lucha contra ciertos genes. Una de las razones de dicha “lentitud” es que un gen puede resultar ventajoso para una población en un punto de la historia, pero convertirse en nocivo tiempo más tarde. Cuando el organismo ya no necesita de un gen para sobrevivir, no puede desecharlo inmediatamente, sino que la evolución busca la forma de eliminarlo a lo largo de las generaciones futuras.
La noción de deletéreo suele estar vinculada a un efecto o una consecuencia. Algo puede ser deletéreo cuando acarrea la posibilidad de producir un daño importante, la muerte o la destrucción. Las sustancias tóxicas, en ese sentido, son deletéreas, aunque con diferentes grados. A mayor toxicidad, más deletéreas son. La ciencia que estudia el efecto deletéreo de las sustancias sobre los seres vivos se conoce como toxicología.
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