La noción de dimorfismo se utiliza en el campo de la biología para nombrar a la condición de aquellas especies de animales o de plantas que exhiben dos aspectos anatómicos o dos formas diferentes. Es posible, en este sentido, distinguir entre diversos tipos de dimorfismos.
El micelio es la masa de elementos filamentosos de forma cilíndrica (hifas) que se encuentran en gran parte de los hongos y constituye su cuerpo vegetativo. Levadura, por otro lado, es el nombre que recibe cualquier hongo microscópico unicelular con la capacidad de llevar a cabo la descomposición a través de la fermentación de varios cuerpos orgánicos, especialmente los hidratos de carbono y los azúcares, dando lugar a diversas sustancias.
El dimorfismo hace que los hongos proliferen en forma de levaduras o de estructuras esféricas de gran tamaño en los tejidos, aunque a temperatura ambiente cobren formas filamentosas. Entre los hongos dimórficos se encuentran los microorganismos que causan la esporotricosis, la blastomicosis, la histoplasmosis, la paracoccidiomicosis y la coccidiomicosis.
Un hongo puede presentar el dimorfismo en función de:
* temperatura: ocurre con el Penicillium marneffei, el cual cambia de forma a temperatura diferente aunque sin que cambie el medio. Pueda pasar de ser filamentoso (cuando la temperatura está entre los 25 y 28 °C) a levaduriforme (entre los 37 y los 37 °C);
* nutrientes: se puede apreciar en el Candida albicans, el cual presenta una forma levaduriforme en medios de cultivo ricos y una filamentosa, en los medios pobres. La forma de levadura es consistente en la forma de reproducirse y los cambios en el ambiente influyen de manera radical en su morfología;
* temperatura y nutrientes: en este caso de dimorfismo se combinan los dos puntos recién expuestos y se puede ver en Histoplasma capsulatum, Sporothrix schenckii, Blastomyces dermatitides y Paracoccidioides brasiliensis.
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