La etimología de aventura nos traslada a la lengua latina: su vocablo adventūra puede traducirse como aquello que vendrá o acontecerá. La noción suele emplearse en alusión al acontecimiento, el hecho o el evento que, por algún motivo, resulta fuera de lo común.
Tomemos el caso de una familia que se dirige a su destino de vacaciones pero que, en medio de la noche, sufre la rotura de su automóvil en un camino poco transitado. Mientras aguardan la llegada de ayuda, deciden acampar junto al vehículo. De esta manera se ven forzados a vivir una aventura que no fue buscada.
En cambio, un joven que decide recorrer la Patagonia como mochilero, escalando montañas y nadando en lagos, realiza su viaje en búsqueda de aventuras.
Aventura también es el género de películas y de obras literarias que apuesta por el entretenimiento a través de las vivencias arriesgadas de los protagonistas. “La vuelta al mundo en ochenta días”, del francés Julio Verne, es un ejemplo de novela de aventuras.
Las relaciones románticas informales, ocasionales o clandestinas también se conocen como aventuras: “No le digas nada a nadie, pero estoy viviendo una aventura con mi vecino”, “El actor fue descubierto por su esposa en una aventura”.
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