Una pipeta es un recipiente que se emplea en los laboratorios para llevar un líquido de un lugar a otro. Se trata de un tubo que, por lo general, cuenta con un ensanchamiento en el medio y que dispone de algún tipo de tapón en su parte superior para que el líquido en cuestión no se derrame.
Gracias a su rápida acción y su facilidad de aplicación, las pipetas se han convertido en uno de los métodos más populares para combatir estos parásitos y para cuidar la salud de los animales domésticos.
La pipeta antipulgas se suele colocar en la zona del animal conocida como cruz, que equivale al punto más alto de los omóplatos (o escápulas), apenas donde termina su cuello. Para que su acción sea eficaz y duradera, se recomienda separar sus pelos con una mano y aplicar el producto con la otra, haciendo contacto directo con la piel.
Es importante no haber bañado al animal en los últimos dos días antes de la aplicación de la pipeta y no hacerlo durante el tiempo que se pretenda aprovecharla, ya que la absorción tiene lugar gracias a la grasa de su piel. El producto se esparce por todo el cuerpo y ofrece una eficacia generalmente superior a la de los antiparasitarios alternativos.
Por lo general, la pipeta antipulgas garantiza una protección de un mes, aunque su efectividad varía según la marca y el etilo de vida del animal; los perros que tienen la suerte de vivir en espacios rurales son más propensos a atraer pulgas y garrapatas que los que deben soportar la gris rutina de la ciudad, por lo cual una misma pipeta puede tener resultados diversos.
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