El vocablo latino ostentatio se convirtió, en nuestra lengua, en ostentación. Este término se emplea para nombrar a la conducta que consiste en ostentar y al resultado de dichas acciones.
Algo similar ocurre con la comida: en principio, los seres humanos necesitamos alimentarnos para mantenernos vivos y para que nuestro organismo funcione correctamente; sin embargo, un gran porcentaje de la población de clase media y alta ingiere más alimentos de los necesarios, ya que le asigna a esta acción matices relacionados con los placeres. Hasta un cierto punto, aceptamos los postres y los platos más sabrosos como un capricho justo; sin embargo, cuando parece no haber un modo de controlarse, comienzan las sospechas de problemas emocionales de fondo.
La diferencia principal entre la ostentación de bienes materiales y la comida en exceso es que esta última actitud puede afectar gravemente la salud, además de no buscar ningún tipo de satisfacción relacionada con la reacción del entorno; es, quizás, una decisión enteramente perjudicial para el propio organismo, pero que al menos no intenta herir a los demás. La ostentación, así como la fanfarronería, alimenta a quien la ejecuta de la envidia, la tentación y el sufrimiento ajeno por no tener los objetos ostentados.
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