El vocablo del francés antiguo cisel llegó a nuestro idioma como cincel. El término alude a una herramienta que se emplea para el labrado de metales y piedras a través de golpes realizados con un martillo.
En un cincel puede distinguirse la cabeza (el extremo que se golpea con el martillo), el cuerpo o mango (que permite la propagación de los golpes), la cuña (los sectores laterales de la parte de corte) y la arista de corte (que lleva el golpe a la piedra que se está labrando).
Los canteros y los albañiles, por ejemplo, apelan a cinceles para modificar la superficie de las piedras y de otros materiales. Para esto sostienen el cincel con una mano y colocan su punta sobre la superficie: con la otra mano, empuñan un martillo que golpean con el cincel. Los sucesivos impactos de la punta del cincel sobre la roca van moldeando su superficie.
Es importante tener en cuenta que la elección del cincel adecuado es clave para que el trabajo ofrezca el resultado buscado. Si se usa un cincel con características no adecuadas, el labrado no resultará satisfactorio.
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