Superhéroe es un concepto que no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE). Se trata de un término formado por el prefijo super (elemento compositivo que refiere a algo excesivo, preeminente o en grado máximo) y el sustantivo héroe (alguien reconocido por su valor y sus hazañas).
Precisamente entre las habilidades frecuentes de los superhéroes, se encuentran la capacidad de volar, la telepatía, la fuerza ilimitada y la velocidad extrema. Cabe destacar que estos poderes también pueden encontrarse en los personajes malvados que, debido a su falta de moral, no reciben la denominación de superhéroes.
Estos últimos, que se conocen como villanos, suelen tener una aparente superioridad frente a los superhéroes en cuanto a su poder, aunque esto no es más que el resultado de un desequilibrio, el cual debe ser detectado para vencerlo. Existen muchas razones por las cuales estos personajes intentan deshacerse de sus antagonistas, aunque por lo general se trata de una gran frustración por no haber alcanzado la popularidad, o bien por no haber sido rescatados por ellos en medio de un accidente que afectó su apariencia física o sus habilidades motoras para siempre.
Tomemos por ejemplo el caso de Dos Caras, un personaje perteneciente a DC Comics y enemigo de Batman. Su verdadero nombre es Harvey Dent y antes de convertirse en villano trabajaba como fiscal del distrito; de hecho, era uno de los colaboradores del propio “murciélago enmascarado”. Sin embargo, un día alguien le echó ácido en el rostro en medio de un juicio y arruinó su imagen, tras lo cual perdió la razón y se convirtió en un criminal más. Si bien Batman no fue responsable de su desgracia, Dos Caras lo culpa por no haber estado allí para salvarlo, y de este modo justifica su persecución y la ola de delincuencia que dirige.
Una de las características fundamentales de todo superhéroe es su punto débil: para evitar que se conviertan en dioses, siempre debe existir una forma de derrotarlos, que cree tensión en el público durante cada enfrentamiento con los villanos. Esto no sólo ayuda a mantener una serie en movimiento, sino que da un mensaje esperanzador, incita a sus seguidores a enfocarse en sus fortalezas para compensar sus debilidades, en lugar de apuntar a la perfección como el único modo de triunfar.
La motivación de cada superhéroe es otro de los rasgos principales de cada historia, ya que los define y da sentido a sus aventuras. Si pensamos en los tres personajes mencionados más arriba, Batman, Wolverine y Superman, vemos una clara distinción: Batman no puede superar la herida que le causó la muerte de sus padres en un absurdo atraco; Wolverine fue engañado y manipulado por la ciencia, la cual alteró su cuerpo para siempre; Superman siente la presión de defender a una especie a la cual nunca pertenecerá del todo, pero que le abrió los brazos y le ofreció el amor que nunca obtendrá de “su gente”.
Aunque este tipo de personajes pueden parecer atractivos únicamente para los más pequeños, no es así. Buena muestra de ello es la cantidad de adultos que se consideran fans incondicionales de determinados superhéroes y también las magníficas cifras que consiguen en taquilla todas y cada una de las películas sobre ellos que se presentan.
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