El concepto de alquiler deriva del árabe hispánico alkirá o alkirí, que a su vez proviene del árabe clásico kira’. El término se utiliza para dar nombre a la acción y efecto de alquilar, y al precio al que se alquila algo.
Opuesta a la situación de este sector de la población se encuentra la de aquéllos que dependen de un alquiler para disponer de una vivienda o parte de ella, en el caso de quien renta una habitación. Por mucho tiempo se ha mirado con mal ojo a estas personas, señalando que no se preocupan por construirse un futuro, y comparando el pago de un alquiler con el desperdicio del dinero. Sin embargo, al día de hoy resulta más precavido quien se conforma con un techo, aunque no sea propio, e intenta disfrutar de su vida que aquéllos que en el afán de establecerse definitivamente en un sitio arriesgan su salud física y mental para someterse al pago de una hipoteca.
Además de casas y coches, otros de los productos que comúnmente se encuentran en alquiler son las películas y los videojuegos. En ambos casos, su popularidad descendió considerablemente desde que la piratería se masificó y se volvió accesible a todo el mundo, sea a través de descargas ilegales por Internet o de ventas en la vía pública. Fuera del porcentaje de pérdidas que generan los robos a las industrias cinematográfica y lúdica, la renta legal tampoco representa una fuente importante de ganancia, sino de promoción.
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