El término griego que derivó en el latín pygmaeus y que llegó a nuestra lengua como pigmeo puede utilizarse de distintas maneras. El origen del concepto está asociado a una población de fantasía cuyos integrantes, de acuerdo a los poetas de la Antigua Grecia, tenían una altura reducida y eran guerreros.
Cuando pigmeo se aplica como adjetivo a una persona que no pertenece a la mencionada etnia, el término tiene una connotación despectiva. Por ejemplo: “¿Cómo te atreves a hablarme así, pigmeo?”.
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