El concepto de razón tiene su origen en el latín ratio. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) reconoce más de diez acepciones de esta palabra, entre ellas la facultad para pensar, reflexionar e inferir, el argumento que se expone en respaldo hacia una determinada cosa, el motivo o causa, y el cociente de dos cifras.
Otra forma de expresar lo dicho anteriormente sería 120 es a 100. El único caso en que no es necesario indicar la unidad de medida es cuando ambas magnitudes la compartan. El numerador, el primer elemento, se denomina antecedente y el denominador, consecuente. Las razones pueden ser expresadas como una fracción o un número decimal.
La razón aritmética, por otra parte, define la diferencia de dos valores. Se puede expresar por medio de un punto o un signo menos entre ambas magnitudes. Por ejemplo, la razón aritmética de 120 a 100 se escribirá 120.100 o 120-100. En este caso, al igual que en el anterior, el primer elemento es el antecedente y el segundo, el consecuente. Dado que esta clasificación consiste en una resta entre dos números, sus propiedades son las mismas que en toda suma o resta.
Finalmente, se puede establecer una relaciones entre tres valores, denominada razón simple, que consiste en la división de las restas entre el primero y cada uno de los otros dos. Si tenemos los números a, b y c, ésta se expresará de la siguiente forma: (abc) = (a – b) / (a – c). Para establecer la razón doble de cuatro magnitudes, se deberán tomar dos valores y obtener la razón simple entre cada uno de ellos y los dos restantes; luego, el cociente de ambas comparaciones dará por resultado la doble.
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