Con origen en el vocablo latino patientia, la palabra paciencia describe la capacidad que posee un sujeto para tolerar, atravesar o soportar una determinada situación sin experimentar nerviosismo ni perder la calma. De esta manera, puede decirse que un individuo con paciencia es aquel que no suele alterarse.
Asimismo, es de conocimiento popular que los grandes creadores suelen ser incomprendidos por la sociedad; en muchos casos, dar con un descubrimiento revolucionario o proponer una forma nueva de pensar o actuar suelen ser motivos de ataques y persecución, producto de la envidia y de la falta de libertad de la mayoría de los seres humanos. Frente a esta actitud barbárica, las personas adelantadas a su tiempo deben armarse de coraje y paciencia para conseguir, con mucho esfuerzo, que sus ideas trasciendan.
Otro aspecto de la paciencia es la capacidad de considerar hechos y variables que pueden ser imperceptibles para los seres ansiosos e impulsivos. Por ejemplo, alguien que es insultado y no responde violentamente, puede parecer cobarde, pero también es posible que entienda que si de deja llevar por sus instintos puede empeorar la situación, o que simplemente no vale la pena entrar en el juego de la otra persona. Esto refuerza la diferencia con la pasividad, con la falta de interés, y demuestra que muchas veces es más fuerte y activo el paciente que el inquieto.
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